En las estepas de una Iberia primitiva y pantanosa, una horda de
humanos lucha por la supervivencia, enfrentándose al hambre y el
terror de las fieras.
La joven Damara desafía las leyes ancestrales de la tribu al negarse a
la promiscuidad ritual, planteando por primera vez un concepto
revolucionario: el amor exclusivo y la fidelidad. Quiere un solo varón
para ella, para que, cuando nazca su hijo, “lleve el mismo nombre de
quien le engendró“.
A su lado, el joven visionario Napal tampoco se conforma con la
herencia de sus ancestros. Mientras la tribu venera la fuerza bruta de
cazadores como Ronero y los oscuros conjuros del mago Ambila,
Napal descubre secretos que podrían cambiar el destino de la
especie: el milagro de la agricultura (el pan), la domesticación de
animales, la invención de la música y la arquitectura.
“Te propones arrancar con tus manos una costumbre ya tan antigua
que no recordamos otra, y las costumbres viejas adquieren divinidad.
No la arrancarás tú, como no arrancarías un árbol muy grande, muy
recio, de extensa copa.”
Damara y Napal se enfrentan al reto de la innovación y el progreso de
la sociedad:
Emilia Pardo Bazán, consciente de las corrientes intelectuales del
momento, explora con la paleo ficción el conflicto de un mundo de
ideas antiguas, personificado en los ancianos, frente a un mundo
nuevo de ideas emergentes, revolucionarias, concebido por las
nuevas generaciones. En 12 de agosto de 1907 publicó en Los lunes
de El imparcial un cuento titulado “Progreso”. En 1912 desarrolla la
idea en la novela corta “En las cavernas”.